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| El Tahuantinsuyo estuvo atravesado por cientos de caminos principales y secundarios, que unieron de manera magistral los señoríos y pueblos del antiguo Perú. El diseño de estos caminos (de más de 30,000 kilómetros) fue tan perfecto que, a pesar de las dificultades geográficas, la comunicación logró ser eficaz e inmediata. El Cusco fue el centro de esta red vial y en él confluyeron la mayor parte de los senderos, pues la ciudad de los incas era el ombligo del mundo y todo debía partir y culminar en ella. |
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 | La red vial
Los caminos incaicos fueron colosales obras de ingeniería y son todavía un ejemplo de la perfecta adecuación de una obra a la naturaleza. Aun en los casos más difíciles, los antiguos peruanos estudiaron tan a fondo el terreno que diseñaron las rutas de la manera más directa posible. No es producto del azar que estos caminos se hayan conservado en buen estado hasta el día de hoy.
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 | Senderos de piedra
Por lo general, los caminos incas son afirmados y empedrados. Alcanzan nevados y atraviesan desiertos, e incluso cuentan con desagües, escaleras y túneles. Pueden llegar a tener cinco metros de ancho, y dan cuenta de un cuidadoso y premeditado trabajo de la piedra. Decenas de caminos cruzan al borde de precipicios, mientras que otros continúan por puentes colgantes, que oscilan sobre los ríos.
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 | Suspendidos en el aire
Los puentes son uno de los mayores atractivos de los caminos incas. Están hechos de cuerdas de cáñamo fijadas a pilares de piedra, que a su vez fueron tallados especialmente a orillas de los ríos. En un primer momento los puentes colgantes aparentan ser muy frágiles pero, conforme se avanza, es posible percibir su gran resistencia. Prueba de su eficacia es que muchos siguen siendo utilizados por los pobladores de la sierra peruana, quienes se encargan de su cuidado y de destejerlos y tejerlos anualmente.
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 | Los tambos
En cualquier camino inca, el viajero puede tener la seguridad de que a una distancia prudencial encontrará un tambo (en quechua: tampu, “posada”). Fueron construidos en función del reposo y abastecimiento de los caminantes. Existieron distintos tipos de tambos: los que servían para alojar al inca y a sus acompañantes, los que estaban destinados a los funcionarios estatales y, finalmente, aquellos que cobijaban a los chasquis.
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 | Los chasquis
No se puede hablar de caminos incas sin mencionar a estos “correos humanos” encargados de llevar las noticias a la mayor brevedad posible. Su nombre se deriva de la raíz quechua chaski: “dar o recibir algo”. Los incas, al gozar de un buen sistema de comunicación, crearon con los chasquis un infalible servicio de correo. Estos mensajeros vivían en pequeñas chozas o chucllas ubicadas a lo largo de las rutas principales y tenían por misión transportar los mensajes -contenidos por lo general en quipus-, desde su cabaña a la siguiente y así, sucesivamente, hasta alcanzar al destinatario final. Gracias a estos relevos, de óptimo estado físico, se cumplía con una comunicación rápida y efectiva.
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 | El camino inca a Machu Picchu
Los caminos incaicos lograron integrar los casi 900,000 km2 de extensión que tuvo el incanato. De todos ellos, el camino más famoso, mejor conservado y más frecuentado es el que parte del Km. 88 de la vía férrea Cusco-Quillabamba (B3) y continúa a lo largo de 42 kilómetros hasta Machu Picchu. Este tramo, en su mayor parte perfectamente empedrado, atraviesa importantes restos arqueológicos como Huayllabamba (C3), Runcuracay (B2), Sayacmarca (B2), Puyupatamarca, Huíñayhuayna (B1) e Intipuncu (B1) hasta llegar a la gran ciudadela de Machu Picchu (B1). Es necesario disponer de cuatro días como mínimo para recorrerlo. La geografía del Camino Inca es accidentada y permite contemplar paisajes de gran belleza que incluyen imponentes nevados, exuberantes selvas y frondosos bosques. Abunda el agua en las quebradas, que se hallan protegidas del fuerte viento, característica propia de los pasos de altura. La diversidad ecológica del camino es sorprendente. En el subyugante recorrido se remontan dos abras de gran altitud: Huarmihuañusca (B2) (4,200 m.s.n.m) y Runcuracay (B2) (3,800 m.s.n.m). Por ello es conveniente estar debidamente aclimatado. Se aconseja pasar algunos días en la ciudad de Cusco antes de emprender esta hermosa aventura. |
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